EL TERRIBLE CRIMEN CONTRA JUNKO FURUTA
La violencia latente e
influencia de malas personas entre los jóvenes lleva a consecuencias que, no
solo perjudican su vida, sino también de quienes les rodean. Era el año 1989,
cuando el mundo se enteró del cruel desenlace que vivió Junko Furuta, una
estudiante japonesa, a manos de cuatro jóvenes delincuentes. Pese a la gravedad
de los hechos, los criminales no fueron castigados como se debería por ser
menores de edad, y hoy, 34 años después del atroz crimen, la sociedad aún busca
justicia para Junko. ¿Aún no sabes muy bien lo qué pasó? sigue leyendo.
Junko Furuta era una joven
estudiante japonesa, muy responsable con sus estudios, buena hija y querida por
sus amigos y compañeros de escuela. Además, trabajaba durante su tiempo libre
para pagar su viaje de graduación. Era una chica buena y su futuro parecía ser exitoso.
Pero su vida y sus planes se vieron truncados cuando, un 25 de noviembre de
1988, se encontró con Hiroshi Miyano y Nobuharu Minato; este último y bajo las
órdenes de Miyano, pateo a Junko, quien venía en su bicicleta, ocasionando que
se cayera, y huyó. Miyano se acercó a la joven y le ofreció llevarla a su casa
para que estuviera a salvo. Junko aceptó la oferta. Miyano, quien aparentemente
pertenecía a la Yakuza, la llevó hasta un almacén donde abusó sexualmente de
ella. Posteriormente, los amigos de Miyano, Jō Ogura y Yasushi Watanabe, se sumaron
a la violación. Secuestraron a Junko y la llevaron a casa de Minato, donde la
amenazaron con matar a su familia si intentaba escapar.
Días más tarde, los padres de
Junko fueron con la policía y reportaron la desaparición de su hija, pero la investigación
paró cuando la joven fue obligada por sus secuestradores a llamar a su madre y
decirle que se encontraba bien, que había escapado con un amigo y que detuviera
la investigación policial. Junko también se vio obligada a fingir ser novia de
Miyano frente a los padres de Minato, quienes lamentablemente estaban al tanto
de la situación, pero decidieron no intervenir por miedo a que Miyano les
hiciera algo.
Fueron alrededor de 40 días en
los cuales Junko fue sometida a violaciones y torturas por parte de sus secuestrares
y, posteriormente, invitaron a sus amigos a sumarse. Se habla que fueron
alrededor de 100 hombres quienes la violaron brutalmente. Durante el juicio,
los delincuentes confesaron que sometieron a Junko a terribles atrocidades;
como el introducir todo tipo de objetos en su vagina (incluida una barra de
hierro y una lámpara caliente, ocasionándole quemaduras terribles en su zona íntima),
la forzaban a masturbarse frente a ellos, la privaron de comer y beber agua (la
alimentaban únicamente con cucarachas y la obligaban a beber su propia orina),
la propinaban palizas, la quemaban con cigarros, le tiraban mancuernas. Le
amputaron un pezón con un alicate y le perforaron los senos, e incluso,
llegaron a introducir objetos pirotécnicos dentro del recto y prenderlos.
Todos estos actos siguieron
durante el tiempo que la mantuvieron secuestrada, y Junko obviamente tenía un
deterioro físico y mental. Debido a los contantes abusos que ejercieron en sus
zonas íntimas, la joven ya no retenía esfínteres y ocasionaba que se orinara
encima. También se llegaba a tardar una hora arrastrándose en ir al baño y
tampoco podía tomar agua porque la terminaba vomitando. Estos actos ocasionaron
que recibiera más palizas por parte de los criminales.
En sus últimos días, Junko
rogaba a sus secuestradores porque la mataran para poder acabar con su tortura,
pero estos se negaron y, en consecuencia, la encerraron en un congelador. Finalmente,
el 4 de enero de 1989, Junko fue retada a jugar mahjong. La joven ganó el juego, pero Miyano estaba terriblemente
molesto por lo que acabó golpeándola. El grupo comenzó nuevamente a torturarla
y le rociaron líquido inflamable en su cara, muslos, brazos y estómagos, para después
incendiarla. El ataque duro aproximadamente dos horas y Junko finalmente murió ese
mismo día. Con miedo a ser condenados, decidieron meter el cuerpo sobre un
contenedor lleno de cemento y lo abandonaron en Koto, Japón.
Durante el juicio, se condenó
a: Hiroshi Miyano a 17 años de prisión, Nobuharu Minato de 5 a 9 años en
prisión, a Yasushi Watanabe de 5 a 7 años en prisión, y a Jō Ogura a 8 años en
el reformatorio. Pese al haber cumplido sus sentencias, las personas siguen esperando justicias mayores para Junko, ya que el crimen que cometieron no
tienen edad para ser juzgados.
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